Frases del Dalai Lama

Creo que el propósito fundamental de nuestra vida es bus­car la felicidad.

Cuan­to mayor sea el nivel de calma de nuestra mente, tanto mayor será nuestra capacidad para disfrutar de una vida feliz.

La frontera entre lo negativo y lo positivo de un deseo o acción no viene determinada por la satisfacción inmediata, sino por los resultados finales, por las consecuencias positivas o negativas.

Trabajar en nuestra perspectiva mental es un medio más efectivo para alcanzar la felicidad que buscarla en fuentes externas, como la riqueza, la posición y hasta la salud.

Hay veces en que la gente confunde felicidad con placer.

Así pues, el primer paso en la búsqueda de la felicidad es apren­der. Primero tenemos que aprender cómo las emociones y los com­portamientos negativos son nocivos y cómo son útiles las emociones positivas.

En el campo de las experiencias cotidianas, si se produ­cen ciertos acontecimientos indeseables, el mejor método para ase­gurarse de que no vuelvan a ocurrir es procurar que no se repitan las condiciones que los producen.

Yo considero saludable a una persona compasiva, cálida y de corazón bondadoso.

Alcanzar la verdadera felicidad exige producir una transformación en las perspectivas, en la forma de pensar.

A medida que intensificas las prácticas positivas, disminuyen los comportamientos negativos.

No hay actividad que no se torne más fácil gracias al entrena­miento constante. Podemos cambiar, transformarnos a través del en­trenamiento.

La utiliza­ción adecuada de nuestra inteligencia y conocimientos estriba en efec­tuar cambios desde dentro para desarrollar un buen corazón.

Estamos hechos para buscar la felicidad. Y está claro que los sentimientos de amor, afecto, intimidad y compasión traen consigo la felicidad. Estoy convencido de que todos poseemos la base para ser fe­lices, para acceder a esos estados cálidos y compasivos de la mente que aportan felicidad.

Un estado mental sereno y afec­tuoso tiene efectos beneficiosos para nuestra salud. Y, a la inversa, los
sentimientos de frustración, temor, agitación y cólera pueden ser destructivos para ella.

Al utilizar con­juntamente la inteligencia y la bondad, todas las acciones humanas son constructivas.

Por mucha violencia que exista y a pesar de las penali­dades por las que tengamos que pasar, estoy convencido de que la so­lución definitiva de nuestros conflictos, tanto internos como externos; consiste en volver a nuestra naturaleza humana básica, que es bonda­dosa y compasiva.

Si te acercas a los demás con disposición compasiva, reducirás tus temores, lo que te permitirá una mayor apertura. Creas un ambiente positivo y amistoso. Con esa actitud abres la posibilidad de recibir afecto o de obtener una respuesta positiva de la otra persona.

La compasión puede definirse como un estado mental que no es violento, no causa daño y no es agresivo. Se trata de una actitud men­tal basada en el deseo de que los demás se liberen de su sufrimiento, y está asociada con un sentido del compromiso, la responsabilidad y el respeto a los demás.

Si se afronta directamente el sufri­miento, se estará en mejor posición para apreciar la profundidad y la naturaleza del problema.

Hay muchas formas de contribuir activamente a experimentar in­quietud mental y sufrimiento. Aunque en general las aflicciones men­tales y emocionales tienen causas externas somos nosotros quienes las empeoramos.

A menudo incrementamos nuestro dolor con una sensibilidad excesiva, al reaccionar con exageración ante cosas nimias.

Creo que en buena medida el sufrimiento depende de cómo se responda ante una situación dada.

Es extremadamente importante investigar los orígenes del sufri­miento, saber cómo surge.

Si quieres saber sobre el Dalai Lama lee su biografía en este mismo blog:

http://yosoymartindelavega.com/dalai-lama/

Martín de la Vega

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