La historia de Gutierrín y como dejó de ser Juan Pérez (Cuento con Moraleja)

Esta es la historia de Juan Gutiérrez Pérez, o Juan Pérez como le decían en la primaria, nació en una familia común, en un lugar común y su vida era común.

Y digo común porque en el mundo que nos rodea impera lo común; recibió una educación común, quiero decir con esto que se crió con los miedos y limitaciones de su padre y de su madre, de sus hermanos, de sus vecinos, de sus amigos, de sus profesores, etc. etc. O sea que a pesar de que nació con un disco duro nuevo y de gran capacidad, la información que le fueron introduciendo no fue muy buena que digamos.

Los de su alrededor empezaron a programarlo con ideas que modificaron su estado original y ¿qué pasó? que se hizo una persona tan común como los demás.

En su casa escuchaba cosas como las siguientes: “el dinero es la raíz de todo mal”, “el dinero no me alcanza”, “te vas a condenar”, “el que no tranza no avanza”, “tengo muchas deudas”, “el dinero no crece en los árboles”, “como quisiera poner una tiendita”, “los ricos son deshonestos”, “el gobierno tiene la culpa”, “gánate el dinero trabajando duro”, “estudia mucho para que consigas un buen trabajo”, “no arriesgues”, “no puedo”, “tienes que nacer de un rico para ser rico” , “estamos destinados al fracaso” y otras muchas cosas nocivas y limitantes más que se escuchan en todas partes.

Y ¿qué creen? Pues sí, que Juan Pérez, digo Juan Gutiérrez, sembró todas esas ideas en su subconsciente y se las creyó, por lo tanto su forma de ser y actuar lo hicieron crecer con limitaciones, prejuicios y miedos sin fin.

Pero como Juan venía de una familia decente, sus padres trabajaron muy duro para darle una carrera y él se dedicó a estudiar mucho para conseguir un buen trabajo. Sí, lo lees bien, estudió para conseguir un buen trabajo, su meta era ser el mejor empleado del mundo y ganarse el dinero honradamente.

Terminó sus estudios de ingeniería con honores, se puso a buscar trabajo, pero no tenía experiencia; quiso poner un negocio, pero no tenía dinero; entonces como quería alcanzar sus sueños a como diera lugar, se metió a la fábrica de lámparas de su colonia a poner dos tornillos en la clavija de cada lámpara.

Como lo corrieron por chismes, logró colocarse como oficinista, mano derecha de un contador en la fábrica casera de jabones “el quita mugre” y dio gracias porque ganaba un poco más que antes. Se casó, pospuso su luna de miel, rentó un departamento, compró un auto usado con sus ahorros, adquirió algunos muebles a crédito, tuvo dos hijos y se quedó haciendo las veces de contador de la fábrica porque al contador le dio un paro cardiaco.

Pero las cosas no le resultaban como quería, se preguntaba una y otra vez como podría salir de su situación, trabajaba mucho, hasta tarde y ganaba poco; pensó en ganarse la lotería pero ni boleto compraba pues no le alcanzaba; se le descompuso el coche y ya no lo arregló porque lo hacía o compraba los útiles de sus hijos; a veces no tenía ni para comer, no aguantaba el trato del jefe, y para colmo, todos le decían el Inge-contador Gutierrín y eso lo mataba de coraje.

Un día, después de doce años, mientras iba hacia su casa, se encontró a Víctor, el más burro de sus compañeros de primaria, estaba en un auto de lujo y último modelo, se veía feliz; entonces en su mente se presentaron imágenes de su niñez y recordó cuando Víctor les decía a todos que iba a ser rico, todos se burlaban de él y le decían que si no estudiaba siempre iba a “estar jodido”. Se acordó de que Víctor no les hacía caso y andaba haciendo negocios con cosas usadas que la gente de su colonia le regalaba.

Juan, con pena y timidez lo saludó y le preguntó si se acordaba de él, Víctor se le quedó mirando y sorprendido se bajó del auto, lo saludó y le dio un abrazo diciéndole: ¡¡Claro que me acuerdo de ti, eres Juan Pérez, el que a veces me hacia la tarea en la primaria!! Víctor le preguntó cómo estaba y Juan casi llora al contarle su situación mientras que entre sorprendido e intrigado, miraba el GPS del coche de su amigo.

Víctor le dijo a Juan que su error estaba en la forma en que pensaba y en cómo hacia las cosas, que él ganaba mucho dinero mientras estaba con su familia de vacaciones en la playa. También le dijo que lo quería ayudar e hicieron una cita para verse el siguiente domingo.

Juan se llevó en la cabeza una idea que de repente le afectó sobremanera ¿sería posible que toda la vida hubiera estado equivocado? Pero ¿qué estaba haciendo mal? Tomó una decisión y se comprometió a estar abierto y receptivo en todo lo que le dijera su viejo compañero de escuela. Decidió cambiar su forma de pensar y empezar a actuar correctamente.

El siguiente domingo en la maravillosa casa de Víctor, Juan escuchó animado todo lo que su amigo le dijo y quiso cambiar, como quien dice lo “coachearon”.

Víctor le hizo ver que su forma de obtener ingresos era el problema, le dijo: ¡Si trabajas cobras, si no trabajas, no cobras! ¡Pero como debes, cuando cobras tienes que pagar y quedas igual que antes! ¡Te educaron para ser un empleado no para tener una empresa!

Le explicó que al ser un empleado su única aspiración era trabajar para otros y que éstos eran los que decidían su estilo de vida porque decidían cuánto iba a ganar; le comentó que si se enfermaba y no iba a trabajar, entonces corría el riesgo de que no le pagaran y peor aún, si lo despedían se quedaba sin nada; le habló también de las jubilaciones que no son de júbilo sino de tristeza.

Juan se retorció en el sillón y al fin dijo: tienes razón, nunca seré rico trabajando para otros. Pero ¿cómo le hago? que daría yo por ser mi jefe, sin embargo, pensándolo bien parece que él tampoco es feliz, siempre está en la fábrica y de mal humor.

¡Exacto! Le dijo Víctor, ya estás entendiendo. Le explicó que efectivamente aquellos que tienen un negocio como el de su patrón, tienen que atender el negocio, que si no abren no ganan, tienen que pagar sueldos, gastos de operación, transporte, etc.

Sí es cierto, dijo Juan, es esclavo del trabajo, además siempre está cansado y casi siempre se va a su casa después que yo; tiene dinero pero no puede disfrutarlo o disfrutar a su familia; es más, está sacrificando su salud por ganar dinero.

Víctor se sonrió y le dijo a Juan: muy bien, eso es lo que quiero que veas. Juan se puso serio y lo miró diciendo: entonces qué quieres que haga, si no trabajo me muero de hambre.

A Víctor le dio mucha risa el comentario de Juan y con un gesto amable le dijo: Tú naciste con la capacidad de escoger tu estilo de vida, a pesar de toda la información que te dieron de niño, aun ahora tú tienes la capacidad de tener libertad financiera, eso significa que puedes decidir qué hacer con tu vida, tus ingresos, tu persona y tu tiempo.

¿Libertad financiera? Preguntó Juan. Víctor le contestó: sí, libertad financiera significa elegir la casa y lugar donde vives, manejar el coche que quieres, vestir la ropa que quieres, viajar a donde quieres y cuando quieres, escoger la escuela de tus hijos, comer en el restaurant que más te guste sin ver los precios de la carta, tener dinero en excedente, o sea que tu dirijas tu propia vida, que tengas tiempo, dinero y salud para disfrutar la vida.

Órale y ¿a quién hay que matar? dijo Juan.

Víctor sonriendo contestó: ¿te imaginas estar generando dinero sin que tú estés presente, o sea que mientras estés tranquilamente dormido en tu casa estés ganando dinero?

Eso no es posible, el dinero no se da en los árboles, dijo Juan.

Víctor se detuvo y antes de continuar con la explicación le dijo a Juan: Oye Juan ¿te acuerdas que te dije que tenías que cambiar tu forma de pensar? Pues te pido que hagas un esfuerzo y cada vez que llegue a tu cabeza un pensamiento como el que me acabas de compartir, lo analices y te deshagas de él sustituyéndolo por pensamientos positivos ¿de acuerdo?

Juan sonrojado dijo que sí, que trataría de hacerlo. Víctor le comento que tenía que trabajar en eso y después todo sería más fácil porque al identificar los pensamientos negativos y cambiarlos por otros de naturaleza positiva, reprogramaría su subconsciente.

Bueno, sigamos dijo Víctor.–Ingreso residual es aquel que se produce cuando no es necesaria nuestra presencia física para que nuestra cuenta de beneficios aumente. Significa el continuar recibiendo pagos mucho después de que terminaste el trabajo, es decir, que te paguen hoy por el trabajo que hiciste la semana pasada, el mes pasado, el año pasado, aún hace diez años o más. Es como un derecho de autor. Un ejemplo son los cantantes exitosos, cineastas, escritores, agentes de seguros cuando se renueva una póliza, etc.

Ah, dijo Juan, ¿entonces sugieres que me meta a vender seguros? Porque eso de la cantada y esas otras cosas a mi no se me dan.

Víctor contestó: No Juan, existe otra forma de hacerlo, se llama mercadeo en red, tú no necesitas una educación especial o abandonar la seguridad que por lo pronto te da tu actual trabajo para participar de los ingresos residuales. En el mercadeo en red trabajas una vez y tu trabajo se duplica, triplica, cuadruplica y tus ingresos también.

Juan se puso serio de repente y le dijo a Víctor: ¿no me quieres invitar a una pirámide verdad?

No, no, en una pirámide regularmente no existe, ni ves nunca un producto, sólo te piden dinero que nunca más vuelves a ver, mientras que en el mercadeo en red te pagan por el movimiento de productos, si quieres luego te explico más acerca de la diferencia entre las pirámides y el mercadeo en redes.

Juan contestó que sí y le pidió a Víctor que continuara. Víctor siguió con la explicación diciendo: el mercadeo en redes actualmente es un modelo de negocios con más de 50 años en el mercado y que genera billones de dólares. Es una forma inteligente de comprar y recomendar productos donde se gana dinero por la venta o consumo del producto, por nuestro volumen de negocio y por los ingresos tipo de nuestros asociados.

No importa si eres empleado, ama de casa, estudiante, desempleado o jubilado, todos tienen las mismas oportunidades de desarrollar un negocio exitoso. Cuando te unes a una empresa de este tipo formas una sociedad con la empresa, no eres simplemente un comprador o un cliente, eres un asociado.

Un fabricante vende sus productos y/o servicios a través de sus asociados, los cuales representan un negocio y pueden invitar a otras personas a hacer lo mismo y así hacer crecer sus ingresos, en este modelo de negocio la nueva persona que se asocia al negocio tiene las mismas oportunidades que la persona que la invitó y puede llegar a ganar mucho dinero.

Juan preguntó: ¿por qué puedes ganar tanto y la empresa con qué se queda?

A lo que Víctor contestó: Una empresa produce un producto determinado que pasa por varias manos antes de llegar a ti, el distribuidor, transportistas, mayoristas, almacenes, minoristas, etc. lo que se traduce en un mayor costo para cuando llega a ti y ¿sabes quién paga todos esos gastos? el consumidor final.

¿Qué pasaría si tu consumo fuera directo de fábrica? Pues que el producto sería más barato y el que te lo hace llegar puede ganar mayores ingresos, ¿lo ves?

Víctor hizo una pausa y prosiguió, Juan debes recordar algo muy importante, la persona que mueve más producto en su negocio es el que gana más dinero, o sea que tienes que hacer que arranque tu negocio para que después solito crezca mediante la duplicación de lo que tú hiciste.

Juan volvió a preguntar: ¿entonces me voy a convertir en vendedor?

Víctor contestó: Que buena pregunta Juan, no te vas a convertir en un vendedor, te vas a convertir en un empresario; un vendedor se la pasa tocando de puerta en puerta vendiendo pequeñas cantidades de producto, la diferencia es que como asociado, invitas a otros a participar en el negocio y ellos consumen regularmente una cierta cantidad de producto; sólo les tienes que enseñar a hacer lo que tú hiciste, es decir, a invitar a otras personas.

¿Y por qué se llama mercadeo en redes? Preguntó Juan.

Víctor dijo: Se llama mercadeo en redes porque cuando invitas a alguien, ese nuevo asociado, expande la invitación a otras personas y ellos hacen lo mismo de tal manera que se va formando una red debajo de ti que crece de manera exponencial. Tú obtienes ingresos de lo que ellos consumen cada mes y cada asociado obtiene ingresos de los que están debajo de ellos, o sea que todos ganan y ganan más cuando más asociados tienen.

Órale, dijo Juan, y entonces ¿cualquiera puede hacerlo?

Cualquiera, contestó Víctor, ¿no te acuerdas que yo era el más burro de la escuela? Lo único que tienes que hacer es pensar en tus sueños y adelante, hacerlos realidad. Claro está que las cosas no te van a llegar gratis, tienes que echar a andar tu negocio.

Oye, como que esto me está gustando, dijo Juan. Quisiera que me platicaras más.

Con gusto, contestó Víctor, te voy a platicar de mi empresa y como funciona…

Estaba cayendo la tarde, el reflejo del sol sobre la alberca de la casa de Víctor sugería mil formas en el agua. Adentro se escuchan las risas de Juan, Víctor y su esposa, mientras que en el jardín todavía correteaba un par de niños felices.

Aquí concluye la historia, ahora ya sabes lector, cómo Gutierrín abrió los ojos, volvió a nacer, dejó de ser Juan Pérez y paso a ser el verdadero Juan Gutiérrez Pérez, nada más y nada menos… faltaba más.

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